viernes, junio 27, 2008

Pasar la primera P. G.


La Prueba General fue una novedad en el 2005. Nunca habíamos tomado una prueba que abarcara todos los cursos y los temas del año. Otro punto que asustaba era que ningún profesor conocía qué preguntas iban a aparecer.
La prueba es hecha por especialistas que formulan preguntas. Diez preguntas de todo el año, ¿qué tal si lo único que no estudié aparece? Qué angustia.
Algunos se pusieron a estudiar como locos ya que pensaron que si no pasaban, sería el fin del mundo y adiós al verano. Yo no. No quiero decir que no me interesaba y que no estudié nada: repasé sin desesperarme, sin tratar de acordármelo todo, porque es imposible. La primera vez que hablaron de la prueba dijeron: “Es una nota más y afecta a una competencia. Tiene un peso especial pero no varía drásticamente las notas”. Si no es para tanto,: no me angustio, pensé.
Ese día todos estábamos nerviosos. Alguno hasta llevó agua de azahar. Había razones: estar en un diferente salón, tener que marcar una bolita perfecta en una tarjeta. Si no borro bien, ay Dios, tener unos tiempos exactísimos para tomar las pruebas, estar absolutamente callados, si no: quitan la prueba y fuiste, etc.
No sé si deba pensar después de todo que la P.G. no es cosa de otro mundo. Para mí lo fue, en ese momento. Cada uno lo siente de diferente manera. El que estudió y jaló qué frustración, el que se esforzó y sacó buena nota pero al final no le subió tanto en el informe, otra frustración. El que estudió y pasó: bacán. Cada uno la recuerda de diferente manera…
Martín Valencia
Es Halloween… pero ya tengo 15


Disfraces, dulces, quedarse despierto hasta tarde, entre otros muchos sustos y travesuras completan la diversión de Halloween. Planeábamos esa noche con semanas de anticipación. Pero esto no es eterno, y llega un momento en el que este tipo de celebraciones dejan de parecernos tan divertidas.
Crecemos. Empezamos a preferir hacer fiestas (o ir a ellas) y el día de brujas pierde importancia, o la gana, pero en otro sentido.
Por otro lado encontramos quienes, a nuestra edad, deciden dejar de lado esta celebración por considerarla demasiado extranjerizante y prefieren, con mucha razón, conmemorar el día de la canción criolla.
Sin embargo, no todos llegan a esta conclusión al mismo tiempo. A muchos les cuesta un poquito más dejar atrás esos momentos tan felices y, aunque no siempre lo admitan , les encantaría seguir celebrando este día por más tiempo.
Estas personas se pueden sentir avergonzadas, pero es normal. No crecemos al mismo ritmo.
Independientemente de la edad que tengamos, que no nos dé vergüenza divertirnos a nuestra manera en esta noche de brujas. Algunos se disfrazarán y pedirán dulces, otros verán películas de terror o irán a fiestas, lo importante es sentirse bien y disfrutar.

Constanza Aguilar
NO SOY DE AQUÍ NI SOY DE ALLÁ
Cuando algún extranjero llegaba a mi colegio, no me preocupaba de integrarlo ni mucho menos de ser su amiga. Nunca pensé en lo difícil que es tener que salir de tu país y adaptarte a otro. Pero hace un año y medio estoy viviendo en Perú y sigo adaptándome…
Cuando llegué no conocía a nadie, no salía de mi casa, lo único que quería era subirme a un avión y regresar … hasta que empezó el colegio. Allí me daba vergüenza hablar en voz alta porque creía que me dirían algo desagradable por ser extranjera y, sobre todo, por ser chilena. Me costó acostumbrarme a las palabras que se usan acá. Si bien somos países vecinos, algunas tenían significados totalmente distintos a los que conocía.
Se extrañan muchas cosas, pero lo que uno más añora es la familia y los amigos que poco a poco, con el paso del tiempo, se van distanciando. Uno siente que no tiene raíces. La vida cambia, los hábitos y las costumbres también, se extraña saber adónde ir y cómo llegar a cualquier lado, porque uno se vuelve dependiente e inseguro.
No es fácil sentirse “afuera” e intentar adaptarse a un nuevo país, hacer lo que sea porque no noten que estás recién llegada. De otro lado, los lazos con el propio país se van perdiendo, junto con las ganas de regresar. La gente de acá se da cuenta en seguida de que soy de otro lugar, en mi país me dicen que he perdido mi acento y que ya soy una extranjera ahí…
Parece que es cierto eso que escuché en una canción: “Decir adiós, es crecer”…

Constanza Aguilar
¿Qué se siente ser la hija de un alcalde?


Blah conversó con Viviana Sánchez Aizcorbe, compañera de 8ºB e hija del flamante alcalde de La Victoria. Ella nos contó:
Me alegró y me preocupó saber que mi papá iba a ser candidato. Me enteré cuando ya lo habían planeado todo y me preocupó porque a muchos candidatos les hacen una contracampaña sucia. Me preocupaba ver a mi papá nervioso.
El día de las elecciones fuimos a casa de mi tía para ver el flash de resultados y los conteos, que al principio eran negativos pues lo ubicaban en segundo lugar. Después, vimos otras encuestas en las que él iba a la cabeza. Nos alegramos cuando el conteo rápido empezó a mostrar que había ganado. En la noche, fuimos al local de campaña y comprobamos que había ganado.
Espero que mi papá logre hacer todo lo que prometió y más. Confío en que esto pase, ya que no ha hecho promesas imposibles. Para la propuesta base de su campaña, ya están los recursos disponibles.
Entrevistó Alejandra Napurí

viernes, setiembre 21, 2007



¿Qué se siente… decir que sí por presión?

Muchas veces, decir “no” se convierte en una misión casi imposible cuando nos presionan. Nos “arrochamos” frente a las miradas del grupo y a veces sufrimos consecuencias inolvidables.
Conversamos con Claudia Hernández y nos contó una anécdota. Algo inesperado surge de sus recuerdos… comienza el vals.
Ella tenía dieciséis años cuando, en una gran reunión familiar, un tío de su enamorado la sacó a bailar. El tío era de los fiesteros y bailarines y no se le pudo ocurrir una mejor idea que sacar a bailar a la enamorada del sobrino favorito de las cincuenta tías presentes. “Por supuesto que decir ‘no’ hubiese sido el gran roche” comenta Claudia. “Sobre todo con todos mirándome.”

Comenzó a bailar. Para colmo, era un vals criollo. Claudia se dio cuenta de que, por más que lo intentaba, no podía hacer nada con ese tipo de música y menos en esas condiciones. Parada ahí pensaba cómo estarían rajando de ella. Estaba avergonzadísima.
“Nunca aprendí a bailar vals” dice Claudia, y continúa contándonos que a partir de ese punto, se propuso a evitarlo diciendo ‘no’ cada vez que podía.


Alejandra Napurí





¿Qué se siente… tocar en público?

Al tocar en público la primera vez tienes muchas sensaciones al mismo tiempo y no sabes qué pensar. Extasiado, muy emocionado, no puedes parar de moverte. Cuando sales al escenario, con las luces, te quedas congelado por un segundo; viendo las caras en el público, te están mirando, tocas para ellos, es como un diálogo. Es mejor si te enfrentas a un grupo comprensivo, animado y divertido.
A veces cuando te equivocas en alguna nota, la gente no llega a darse cuenta del todo, porque no paras de tocar y disimulas, consideran que le quisiste hacer un arreglo propio a la canción. Esto es muy cómico desde el punto de vista del músico. Si supieran...
Como cualquier persona, después de hacer algo que le gusta, le apasiona y le entusiasma, sientes la necesidad de hacerlo de nuevo una y otra vez, nunca dejarlo. La sensación es sublime, una catarsis, un desfogue, lo máximo.
El público influye mucho. Sin la gente no se podría sentir la alegría de ver que a otros les gusta lo que haces. Compartir eso es invalorable y muy difícil de traducir en palabras. Simplemente es inexplicable.
Rodrigo Málaga



viernes, junio 29, 2007
















¿Qué se siente … no saber qué escribir ?

Muchas personas tienen momentos en los que las palabras no fluyen, no quieren salir de nuestras mentes a través de los dedos, al teclado y a la pantalla. Las hojas blancas suelen causar una sensación de vértigo, difícil de aguantar.
Son muchos sentimientos juntos, pero al no saber qué escribir lo único que no sientes es alivio. Hay mucha presión en la atmósfera. Todos saben qué redactar, qué comentar, y tu mente está en blanco. No tienes razón de ser en un lugar donde todos tipean a toda velocidad y tú ves un documento de Word abierto, todavía en blanco.
Hay un horrendo sonido en la sala de cómputo. Ese ruido espantoso, ese tiqui tiqui, es el teclado. Cada persona, excepto tú está formando parte de ese ruido. Por más que lo intentas, no pasa nada, los pensamientos que surgen en tu cabeza no tienen nada que ver con la actividad
que estamos haciendo… y la hoja sigue en blanco. Ves la hora cada segundo. Todos están terminando y tu hoja... sigue en blanco. Tratas de pensar ¿qué escribir?
No hay manera de redactar algo coherente. Quedan cinco minutos. Te desesperas. No sabes qué ver, miras tu pantalla, está completamente vacía. Se te ocurre una idea salvadora, ¿cuál es?: ¡Escribir sobre qué se siente no saber qué escribir!
Alejandra Napurí

miércoles, setiembre 06, 2006


¿Qué se siente ser hija de una profesora?


En realidad, no lo sé. Hay aspectos negativos como positivos. Lo más extraño es que gente que nunca he visto en mi vida sabe cómo me llamo, dónde vivo, hija de quién soy... etc. Eso llega a ser molesto.

Me encuentran en el pasillo y en vez de un "Hola" recibo un "¡Dile a Chichi que no me jale! ¡por favor!". Francamente no es mi problema. No me incumbe. Terminan las clases a las 3:10pm y me quedo hasta las 4:30pm sin hacer nada porque ella tiene trabajo. Es mi decisión, ella me dice para irme con mi tia. Lo peor es que los demás profesores aprovechan para amenazarme y decirme "Le diré a Chichi".


Llego al colegio a las 7:29am, porque tiene vigilancia. Mi primer propósito es olvidarme de ella, y es lo primero que se me menciona. Hago encargos, favores... sin merecer nada a cambio. Ella no tiene la culpa, ni yo. No sé quién, es confuso.